miércoles, 17 de diciembre de 2008

carpeta 10 varios



¿Cuáles son las principales formas que adopta este falso pensamiento?
En los Estados Unidos adopta la forma de policy research, que desempeña un papel principal de parachoques y de escudo contra el pensamiento crítico, y sirve al mismo tiempo de imagen de marca para aislar el campo político de cualquier investigación independiente y radical sobre las políticas públicas tanto en su concepción como en sus implicaciones. Cualquier investigador que quiera dirigirse a los responsables del Estado deberá pasar obligatoriamente por este campo bastardo, superar ese “filtro anticontaminante”, y aceptar someterse a una censura severa que le obliga a la reformulación de su trabajo y a recurrir a categorías tecnocráticas que garanticen que su investigación no se anclará ni tendrá efectos sobre lo real. De hecho, los políticos norteamericanos únicamente invocan la investigación social cuando va en el sentido que a ellos les conviene; de otro modo la dejan de lado, como hizo el presidente Clinton cuando propuso su “reforma” de la ayuda social (es decir cuando abolió el derecho a la ayuda social y lo reemplazó por la obligación del salario precario a través del workfare), pese a que una ingente cantidad de estudios mostraba que esta medida suponía una regresión social que afectaba negativamente a los más desfavorecidos.
En Europa, de da el caso del periodismo sociológico, un género híbrido practicado generalmente por gente que se dice universitaria pero que, en realidad, pasa su tiempo escribiendo blocs de notas, editoriales y reportajes apresurados, que va a la radio y a la televisión, y está en todas partes para hablar de cualquier asunto de actualidad, incluso de aquello sobre lo que no tiene la menor competencia científica. Sus representantes saltan de un “problema social” a otro en función de la demanda de los medios de comunicación, y de la demanda política, sin plantearse nunca cómo ese problema se ha constituido en fenómeno de preocupación y de intervención, por quiénes y para qué. Ocupan ampliamente el poco espacio concedido por los periodistas a los investigadores, ya que cultivan la vanidad de los periodistas al borrar la distinción que existe entre visión mediática y visión científica: sus análisis, que se basan en el mejor de los casos en trabajos superficiales (no tienen tiempo para realizar trabajos serios, ya que el tiempo se lo pasan en los medios de comunicación, en las comisiones oficiales y en las proximidades del poder), se parecen mucho a los que hacen los propios periodistas; ¡se comprende así que estos últimos los aprecien y agasajen!
Pero el principal obstáculo para el pensamiento crítico en la actualidad está en otra parte: en la formación de una verdadera internacional neoliberal, que tiene su base en una red de think tanks cuyo centro es la costa este de los Estados Unidos, y que cuenta con el refuerzo de los grandes organismos internacionales, tales como el Banco Mundial, la Comisión Europea, la OCDE, la Organización Mundial del Comercio, etc. Esta internacional difunde a una velocidad exponencial los productos de la falsa ciencia con el fin de legitimar mejor las políticas socialmente reaccionarias puestas en marcha en todos sitios en la era del mercado triunfante. Intenté mostrar algo de esto en mi libro Las cárceles de la miseria


[5] haciendo referencia a la política de “tolerancia cero” que se ha mundializado en menos de una década bajo el impulso del Instituto Manhattan de Nueva York y de sus epígonos y “colaboradores” activos o pasivos en el extranjero, y en Los parias urbanos a propósito del pseudoconcepto de underclass que sirve en todos los países en los que es utilizado para condenar a la víctima al poner en relación las nuevas formas de pobreza urbana con la supuesta emergencia de un nuevo grupo de pobres disolutos y desorganizados. Pierre Bourdieu y yo mismo hemos intentado en Las argucias de la razón imperialista[6] esbozar las líneas maestras de un análisis crítico del desarrollo y de los efectos reales y simbólicos de esta nueva vulgata planetaria que nos presenta un mundo fabricado por las grandes multinacionales como el resultado último de la historia, y la mercantilización de todas las cosas como la conquista más elevada de la humanidad. Esta vulgata resuena en todas las bocas incluidas las de los gobernantes e intelectuales que se reclaman de izquierdas y se creen progresistas (a veces sinceramente).




¿Cuál podría ser el papel del pensamiento crítico frente a la obscenidad de las insólitas desigualdades producidas por el nuevo capitalismo global?
Crear un rompeolas de resistencia frente a la destrucción que lleva a cabo el Moloch del mercado, comenzando por la destrucción del pensamiento y de todas las formas de expresión cultural amenazadas en la actualidad de muerte violenta por el imperativo del beneficio y la búsqueda desenfrenada del éxito basado en el marketing: piénsese que Hillary Clinton cobró siete millones de dólares como adelanto por su libro, y que Jack Wells, presidente director general de la General Electric, cobró a su vez nueve millones por el suyo. Son dos libros insustanciales, escritos por “negros”, en los cuales cada uno contará su vida: la una su vida de primera dama, y el otro su experiencia como Director general de Alto Voltaje, dos libros que Amazon.com venderá por toneladas, mientras que escritores, poetas y jóvenes investigadores de talento no encuentran editoriales que les publiquen, pues todos los editores deben comparar sus porcentajes de beneficios anuales con los de los sectores de la televisión y del cine asimilados por los grandes conglomerados culturales.
El pensamiento crítico debe desmontar con celo y fuerza las falsas evidencias, revelar los subterfugios, desenmascarar las mentiras, señalar las contradicciones lógicas y prácticas del discurso del Mercado-Rey y del capitalismo triunfante que se extiende por todas partes con la fuerza del destino, tras el brutal derrumbe de la estructura bipolar del mundo que tuvo lugar en 1989, y tras el agotamiento del proyecto socialista (y de su desarrollo por gobiernos pretendidamente de izquierdas pero reconvertidos de hecho a la ideología liberal).




El pensamiento crítico debe plantearse sin cesar la cuestión de los costes y los beneficios sociales de las políticas de desregulación económica y de desmantelamiento social que se nos presentan en la actualidad como la vía segura hacia la prosperidad eterna y la felicidad suprema bajo la égida de la “responsabilidad individual” —otro de los términos para nombrar la irresponsabilidad colectiva y el egoísmo del mercado. Karl Marx se pronunciaba en su famosa Carta a Arnold Ruge —publicada en la Rheinische Zeitung en 1844— a favor de una crítica despiadada de todas las cosas existentes y a mí me parece que éste es un programa que está de plena actualidad. Nos encontramos así con la primera función histórica del pensamiento crítico, que consiste en servir de disolvente de la dóxa, en poner continuamente en tela de juicio las evidencias y los marcos mismos del debate cívico, de tal suerte que se nos abra una posibilidad de pensar el mundo en vez de ser pensados por él, de desmontar y de comprender sus engranajes, y por tanto, la posibilidad de reapropiárnoslo tanto intelectual como materialmente.

Teoría Crítica
MAX HORKHEIMER

Buenos Aires, Amorrortu, 1974, pp. 239-241

1. ¿Qué es Teoría Crítica?
Ahora bien, hay un comportamiento humano que tiene por objeto la sociedad misma. No está dirigido solamente a subsanar inconvenientes, pues para él éstos dependen más bien de la construcción; de la sociedad en su conjunto. Si bien se origina en la estructura social, no está empeñado, ni por su intención consciente ni por su significado objetivo, en que una cosa cualquiera funcione mejor en esa estructura. Las categorías de mejor, útil, adecuado, productivo, valioso, tal como se las entiende en este sistema, son, para tal comportamiento, sospechosas en sí mismas y de ningún modo constituyen supuestos extracientíficos con los cuales él nada tenga que hacer. Por regla general, el individuo acepta naturalmente, como preestablecidas, las destinaciones básicas de su existencia, esforzándose por darles cumplimiento; además, encuentra su satisfacción y pundonor en resolver, con todos los medios a su alcance, las tareas inherentes a su puesto en la sociedad, y, a pesar de la energía con que puede criticar cuestiones de detalle, en seguir haciendo afanosamente lo suyo; en cambio, el comportamiento critico a que nos referíamos, de ninguna manera acata esas orientaciones que la vida social, tal y como ella se desenvuelve, pone en manos de cada uno. La separación entre individuo y sociedad, en virtud de la cual el individuo acepta como naturales los límites prefijados a su actividad, es relativizada en la teoría crítica. Ésta concibe el marco condicionado por la ciega acción conjunta de las actividades aisladas, es decir, la división del trabajo dada y las diferencias de clase, como una función que, puesto que surge del obrar humano, puede estar subordinada también a la decisión planificada, a la persecución racional de fines.
El carácter escindido, propio del todo social en su configuración actual, cobra la forma de contradicción consciente en los sujetos del comportamiento crítico. En tanto reconocen ellos la forma presente de economía, y toda la cultura fundada sobre ella, como productos del trabajo humano, como la organización que la humanidad se dio a sí misma en esta época y para la cual estaba capacitada, se identifican con esta totalidad y la entienden como voluntad y razón es su propio mundo. Al mismo tiempo, advierten que la sociedad es comparable con procesos naturales extrahumanos, con puros mecanismos puesto que las formas de cultura, fundadas en la lucha y la opresión, no son testimonios de una voluntad unitaria, autoconsciente: este mundo no es el de ellos, sino el del capital. Lo que va de la historia no puede, en rigor, ser comprendido; comprensibles sólo son en ella individuos y grupos aislados, y éstos ni siquiera totalmente, pues, en virtud de su dependencia interna respecto de una sociedad inhumana, ellos son, aun en sus acciones conscientes, en gran medida funciones mecánicas. Aquella identificación es por ello contradictoria, una contradicción que caracteriza a todos los conceptos del pensamiento critico. Para éste, las categorías económicas de "trabajo", "valor" y "productividad" significan exactamente lo que ellas significan en este sistema, y toda otra explicación es vista como un mal idealismo. Al mismo tiempo, el aceptar simplemente ese significado implica la más torpe de las falsedades: el reconocimiento crítico de las categorías que dominan la vida de la sociedad, contiene también la condena de aquellas. Este carácter dialéctico de la autointerpretación del hombre actual determina también, en última instancia, la oscuridad de la critica kantiana de la razón. La razón no puede hacerse comprensible a si misma mientras los hombres actúen como miembros de un organismo irracional. El organismo, como unidad que crece y muere de manera natural, no es precisamente un modelo para emanciparse. Un comportamiento que, orientado hacia esa emancipación, tiene como meta la transformación de la totalidad, puede muy bien servirse del trabajo teórico, tal como él se lleva a cabo dentro de los ordenamientos de la realidad establecida. Carece, sin embargo, del carácter pragmático que es propio del pensamiento tradicional en cuanto trabajo profesional socialmente útil.




Quiatora Monorriel presenta Alma Daltónica un cuestionamiento crítico con respecto a la humanidad
Por: Susana Fernández — May 15, 2007
Celebrando quince años de su fundación y con la firme convicción de pensar la danza como un diálogo interdisciplinario que debe alejarse del exceso de físico para retomar su carácter sorprendente, Evoé Sotelo, codirectora y fundadora, junto con Benito González), de la compañía de danza contemporánea Quiatora Monorriel, presenta Alma daltónica, un paisaje inconsecuente sobre el ser que transita en el tiempo del quebranto. Entendiendo éste como algo que se expresa desde lo más mínimo –que no necesariamente dramático– y que es inherente a los hombres y mujeres de los tiempos actuales.
Resultado de un largo proceso de investigación, una ardua exploración en el movimiento y la sutileza en el gesto, tanto de Evoé como de todo el equipo creativo que participa en la puesta, el detonante de ésta tiene en su génesis el quebranto vivido de la propia coreógrafa a raíz de la muerte su padre, suceso que marca la obra con cierto aire de nostalgia y soledad. En el caso de los intérpretes, Fredy Campos, Katia Castañeda, Mitzy Dávalos, Frida Islas, Surasí Lavalle, Hunab ku Mata Caro, Victoria Riva Palacio y el propio Benito González, significa también la posibilidad de encontrarse en un espacio donde crear y proponer, ya que para la directora “el bailarín no tiene que estar condenado a repetir un código de movimiento sin la posibilidad intelectualizarlo y transformarlo a partir de las experiencias de si mismo”.
En un momento donde “la danza ha dejado de sorprender y ha empezado a rozar los linderos del circo”, la coreógrafa creó una propuesta a partir de un proceso de investigación donde confluyen pintura, música y danza. Una experiencia que busca apartarse de los lugares y movimientos- comunes en los que han caído compañías y grupos en general.
“La idea es que el espectador pueda acercarse a la danza contemporánea, tratando de visualizar la convivencia de estos tres lenguajes y no encontrar una danza sencilla, sino un diálogo transdisciplinario que cruce y se enriquezca con otras manifestaciones”, Evoé Sotelo.
Interesada en realizar una “una danza crítica, siempre en riesgo y experimentación que no estuviera supeditada a modas ni a estilos, sino que fuera el pretexto para rompernos a nosotros mismos”, Evoé presenta con Alma Daltónica, un proceso de exposición de si misma, un cuestionamiento crítico con respecto a la humanidad o a la pérdida del sentido de la humanidad que se vive actualmente en la sociedad.
Alma daltónica, una metáfora que espera lograr una confluencia de contenidos entre el creador y el espectador. Con música de Conasupo; la escenografía, vestuario e iluminación de Mauricio Ascencio, lesta nueva propuesta de Quiatora Monorriel se presenta de jueves a domingo (hasta el 27 de mayo) en la Sala Miguel Covarrubias del Centro Cultural Universitario.
“Hoy más que nunca la danza debe ser vital, porque nos reafirma en nuestra existencia… Alma daltónica, muestra efusiva de que estamos vivos” Evoé Sotelo. Foto: Vistagorda




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